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Estudio global revela que, para lograr una dieta óptima, lo más importante es enfocarnos en qué comer

Autor: AIAN | 6 mayo, 2019

 

De regreso al futuro: un influyente estudio de alimentación y salud concluye que, si realmente queremos salvar vidas en la próxima década, debemos repensar las políticas de nutrición

 

Un estudio financiado por la Fundación Bill y Melinda Gates, publicado por el renombrado journal médico The Lancet, anticipa un creciente problema de salud si, al desarrollar políticas de nutrición y salud pública, se opta por ideas que únicamente buscan prevenir el consumo de ciertos alimentos, mientras pierden de vista la necesidad de incentivar el consumo de alimentos que nutren. Se necesitan políticas integrales, que atiendan el problema dual de deficiencias y excesos nutricionales.

 

Para ponerlo más claro: siguiendo las políticas en tendencia (enfocadas solamente a inhibir el consumo de ciertos nutrientes), sólo podríamos haber evitado menos de un tercio de los factores de riesgo relacionados con la dieta, causantes de 110 millones de muertes en la última década.

 

Aún si lográramos eliminar por completo el consumo excesivo de sodio, bebidas azucaradas y carne roja –los tres principales grupos de alimentos cuya alta ingesta constituye un factor de riesgo para la salud, según el estudio– estaríamos siendo omisos en prevenir las más de 85 millones de muertes atribuibles a factores de riesgo por consumo insuficiente de algún nutriente.

 

Consumo insuficiente de algún nutriente. Suena grave. ¿A qué se refieren?

 

Para mejorar la dieta global, es necesario promover un mayor consumo de nutrientes que se encuentran en las frutas y verduras, nueces y semillas, granos enteros, vegetales, omega-3, fibra, entre otros alimentos que contribuyen a una alimentación balanceada y de alta calidad nutrimental.

 

Esto concluye la investigación, “Efectos en la salud por riesgos alimentarios en 195 países, 1990-2017: Análisis sistemático del estudio de la Carga Mundial de las Enfermedades 2017”. Este análisis del Global Burden of Disease es uno de los esfuerzos más ambiciosos que se han hecho en los últimos años para cuantificar causas epidemiológicas a nivel global, usando datos y estadísticas de 195 países sobre consumo de nutrientes a lo largo de 27 años.

 

La siguiente gráfica lo explica muy claramente: el riesgo de muerte por enfermedades cardiovasculares o diabetes es muy alto cuando la dieta tiene una ingesta insuficiente de frutas, granos enteros, nueces, semillas o vegetales. Aunque con un menor impacto en muertes y enfermedades, también existen riesgos a la salud cuando la dieta se basa en un consumo elevado de carnes procesadas, grasas trans o bebidas azucaradas.

 

Figura 1. Años de Vida Perdidos por Discapacidad Atribuibles a Diferentes Elementos de la Dieta.

Fuente: GBD 2017 Diet Collaborators. (4 de abril de 2019). Health effects of dietary risks in 195 countries, 1990–2017: a systematic analysis for the Global Burden of Disease Study 2017. The Lancet, Consultado en: https://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736(19)30041-8/fulltext

 

De los 11 principales factores de riesgo, que generaron casi todas las muertes y pérdida de años de vida por causas alimentarias en el mundo – entre 1990 y 2017 – el estudio identifica el consumo excesivo de sodio y grasas trans como los dos únicos factores que no tienen que ver con la ingesta insuficiente de alimentos nutritivos. 

 

Por otro lado, 9 de esos 11 grandes factores de riesgo relacionados con la dieta vienen del consumo insuficiente de productos nutritivos. Estas deficiencias son las que generan 8.5 millones de muertes (68 por ciento del total por causas nutricionales) al año. Es decir, las dietas que carecen de nutrientes fundamentales –que se pueden encontrar en alimentos como los granos enteros– representan el mayor riesgo para la salud de la población global.  riesgo para la salud de la población global.

 

Si la tendencia alimentaria que describe el estudio sigue su rumbo actual, la escasez de nutrimentos en la dieta global podría cobrar millones de víctimas más, pues estamos lejos de alcanzar los niveles de ingesta recomendada de alimentos ricos en nutrimentos. Por ejemplo, el consumo de nueces y semillas a nivel global está al 12 por ciento del nivel recomendado. Esta es la principal causa alimentaria de muertes y enfermedades en México. Algo similar ocurre con la ingesta global de granos enteros, situada en un 23 por ciento del nivel recomendado, y la leche, en 16 por ciento.

 

OK, tener un consumo balanceado de nutrientes, evitando tanto excesos como deficiencias: suena bastante lógico. ¿Esto qué tiene que ver con las políticas de nutrición?

 

Una dieta global más rica en nutrimentos podría prevenir millones de muertes y enfermedades, como el estudio demuestra. El verdadero problema es que la mayoría de las regulaciones, o “intervenciones dietéticas” han perdido de vista lo que sí se debe comer por concentrar su atención en los alimentos que se deben evitar. El estudio enfatiza que este enfoque actual es limitado y aporta poco a una alimentación de mejor calidad. 

 

Para solucionar de fondo esta crisis de salud, se debe reenfocar el debate alimentario: la construcción de políticas públicas debería priorizar lo que se debe sumar a la dieta para balancear y enriquecer nuestra alimentación y no limitarse a lo que se debe restringir.

 

Alcanzar una dieta global de mejor calidad, en beneficio de la salud, requiere de una mayor ingesta de nutrientes positivos. Para esto, es necesario regresar la conversación pública a cómo promover la inclusión de alimentos de alta calidad nutrimental a las dietas. Si lo logramos, en 10 años habremos salvado más de 85 millones de vidas. ¿Hay alguna manera más clara de tener un impacto tan grande en todo el mundo?